La Creciente Morosidad en las comunidades de Propietarios

En el día de ayer, aparece publicado en el Economista, un articulo sobre la morosidad en las comunidades de propietarios. Según el Economista, la impagos en dichas comunidades han aumentado un 60% desde el año 2010, llegando a los 1.600 millones de euros(*).

Muchas son las causas que hacen que esta cifra se dispare, aunque, como no, la crisis actual aparece en este artículo. El efecto que tiene esta en las familias, nos genera multitud de impagos que vienen con distinto “vestido”. Estos, pueden ser directamente provocados por la falta de renta disponible de las familias, siendo las cuotas comunitarias uno de los primeros gastos, que las familias, pueden dejar de pagar, sabiendo, que hasta que de alguna manera se les exija el pago, puede pasar algo de tiempo.

Por otro lado, y tomando como punto de partida la crisis, encontramos como muchas empresas, con propiedades en las comunidades, se encuentran en momentos difíciles, como puede ser un concurso de acreedores, con las dificultades que esto puede acarrear a la salud económica de la comunidad.

Bancos que se quedan con la propiedad de pisos, provenientes de desahucios, también complican mucho la reclamación de las cuotas mensuales. También podemos encontrar inmobiliarias o constructoras con multitud de pisos vacios, donde hay dificultades para realizar los cobros. Decir que esto no ocurre con todas, ya que, por experiencia propia, hay algunas que toman el interés debido, cumpliendo con sus obligaciones en su debido tiempo.

Si un propietario no tiene al día sus cuotas, hace que los propietarios que si pagan y mantienen sus pagos al día, pueden sufrir algún corte de suministros o disminución en los servicios recibidos.

La labor del Administrador de Fincas  es muy importante para reducir los impagos al mínimo posible. Mantener un control correcto de los cobros y las devoluciones, con comunicaciones a los deudores, facilidades para realizar los pagos en casos “especiales”, y no dejar que se acumulen, hace que la morosidad se encuentre en bajos porcentajes.

(*)Fuente: El Economista

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